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viernes, 11 de abril de 2008

¿Cuál discapacidad no escogerías?

Si estás en las puertas del cielo (¡en el mejor de los casos!) y te dan el chance de devolverte a la tierra pero solo con alguna discapacidad, ¿Cuál no escogerías y por qué?


Así nos motivó Damaris Solano, orientadoradora y consultora en temas de discapacidad, a reflexionar durante el taller de Comunicación Inclusiva de la Escuela de Comunicación Colectiva de la Universidad de Costa Rica esta semana.


Pensar dos veces antes de escribir o reflexionar antes de hacer un mensaje sobre la gente con alguna discapacidad es el consejo básico que tanta falta hace en nuestros medios de comunicación.


“Angelito luchador” es el titular principal de una noticia en la que aparece en una imagen en picada, un niño con dos pantuflas en sus manos arrástrandose por el suelo porque carece de piernas.
¡Cuidado! Las personas con discapacidad no son héroes ni tampoco deben generar la frase de tiquicia: “Ah probrecito”. Trascender de la lástima a un enfoque de derechos humanos es la tarea pendiente. ¿Cómo hacerlo? Llamando las cosas por su nombre sin generar lástima, pidiendo cuentas a los responsables de dar empleo o hacer ajustes en la infraestructura, o bien, mencionando las leyes que obligan al país a caminar en una ruta inclusiva. ¡Y exigiendo su cumplimiento!


Leonardo Segura, periodista y consultor en esta temática, nos resume algunas de las características que debe tener un adecuado mensaje mediático sobre la discapacidad:

· debe bajarle el tono a esa condición en caso de que sea irrelevante para contar la historia,
· nunca sobreestime a la gente con discapacidad,
· déle oportunidad a ellos y ellas de hablar pues los voceros de esta temática no siempre son personas con discapacidad,
· busque soluciones pidiendo cuentas al Estado y a los empresarios, recordando la legislación vigente y poniendo en evidencia los servicios o la ausencia de ellos.


¡Olvídese de expresiones como “atada a una silla de ruedas”, “La Asamblea Legistativa es sorda”, “El Presidente renquea”, “los discapacitados” o “condenado a una terrible enfermedad”. Mencione técnicamente la discapacidad pero no hable del “cieguito” o la “mongolita”.


Como profesionales de la comunicación, tengamos siempre presente que la discapacidad no es una enfermedad a menos que evitemos la respuesta social a la que estamos obligados. El entorno, nosotros incluidos, somos quienes debemos dar la cara.

“Desarmar las palabras”

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