lunes, 25 de mayo de 2026

“Desarmar las palabras”

 Fuerte el mensaje del Papa León XIV para  quienes tomamos por trinchera nuestras redes sociales con el fin de  descargar contra quienes piensan distinto. El interés no es solo porque viene de la Roma imperial, sino porque coincide con lo que enseñamos en las escuelas de comunicación: ¡Hay que bajar la pólvora de la balística semántica! 

La encíclica “Magnífica Humanidad” - que por cierto, con ese titular parece impregnar con un enfoque positivo  la Inteligencia Artificial aunque en el fondo, se enfoca también en los riesgos y las inequidades- nos invita a “desarmar las palabras”.   

Ese concepto lo enmarca desde una autorreflexión, un “bizco pa dentro”, diríamos en Tiquicia, la tierra de los ticos. “Todos debemos, por tanto, hacer un examen de conciencia sobre las palabras que usamos, sobre los prejuicios de los que están impregnadas y sobre la agresividad, abierta o encubierta, que las motiva” (numeral 214 de la encíclica). 

Es duro, durísimo cumplirle al papa cuando en el mundillo costarricense, particularmente con el estilo populista donde algunos no calzamos ni aceptamos, oímos expresiones como: “no me revuelco en el chiquero”, “prensa canalla” o “ voy a sacarle el sirope”.


Echando en el saco propio, ya podemos empezar una romería con buenos deseos al hombro, para que ese caminar autocrítico, nos acerque a semejante meta...Y no estamos predicando desde un púlpito, sino al menos, solo reconociendo un riesgo que antes de la irrupción de Facebook, casi dos décadas atrás no existía: la convivencia digital también está en peligro día a día. 

Mientras nos purificamos,  a uno le queda el sosiego de que el mismísimo Papa también se ha parado en seco, mediante sus comunicaciones oficiales,  cuando oyó expresiones populistas  de un coterráneo suyo que amenazaba con poner “fin a una civilización” a través de la odiosa práctica de la guerra, tanto de palabra como de obra.

viernes, 23 de mayo de 2025

Producir contenidos sobre el trabajo sexual para audiencias masivas

Nubia Ordoñéz, de la organización La Sala – con décadas de defender los derechos de las trabajadoras del sexo en Costa Rica y América Latina - enlistó en un papel lo que oye en la calle sobre ellas: “putas, ladronas, malas madres, drogadictas, prostitutas, infecciosas, pecadoras y sucias”. 


 Estamos en el curso Introducción a la Comunicación Social de la Escuela de Comunicación de la Universidad de Costa Rica. Mis estudiantes hacen lo mismo y escriben en un papel las palabras con las que asocian el trabajo sexual según, según lo que han oído en sus casas: “Siempre tienen otra opción, no son trabajadoras del sexo sino prostitutas, terminan ahí por las drogas, ilegalidad, el trabajo más antiguo del mundo, vulgar, personas sucias, trabajan por necesidad, merecen sus derechos, color rojo, vestidos, aretes y tacones”.  



Creo en el valor de los testimonios de la gente organizada que  ha enfrentado discriminación y por eso, Nubia hoy hace de profesora durante este conversatorio universitario. La meta consiste en encontrar líneas para construir mensajes éticos sobre el trabajo sexual.  

¿Cómo atreverse a publicar un contenido tan técnico, tan sensible sin conocer la experiencia de  una ex trabajadora del sexo y hasta ponerse en los zapatos de ella para conocer su experiencia con la prensa o en las redes? Ahora, cualquiera con un teléfono en la mano, opina y cree tener la razón; y lo más peligroso, parte de medias verdades o mentiras completas sobre el trabajo sexual. 


Luego de dos horas de preguntas y respuestas entre Nubia y mis estudiantes, apuntamos algunos consejos: 

1.Marcar las diferencias entre el trabajo sexual autónomo y otras prácticas que muchas veces se meten en el mismo saco provocando confusión entre las audiencias. Es decir, aquí nos referimos a una mujer mayor de edad que decide por múltiples razones ofrecer servicios sexuales y que por cierto, muchas veces terminan solo en un diálogo y acompañamiento “psicológico” con el cliente. 

2.Llevar las coberturas de los contenidos hacia las políticas públicas, lejos de los asuntos morbosos  propios de la privacidad. Es decir interesan preguntas como: ¿Qué hace la Caja del Seguro Social? ¿Asegura el Instituto Nacional de Seguros a una trabajadora del sexo? ¿Está pensando el Instituto Nacional de Estadísticas INEC en registrarlas en el próximo censo ¿Qué piensa Hacienda sobre cobrarles impuestos? ¿Respeta el Ministerio de Seguridad la dignidad de las mujeres trabajadoras del sexo en condición de calle?...pero hay que superar aquello de: ¿Cuánto cobra? ¿Qué hace? 

3.Y hablamos aquí de mujeres, no porque no existan hombres trabajadores del sexo sino porque los contactos de la actividad masculina en Costa Rica son menos públicos, más virtuales y a la fecha, la organización de hombres trabajadores del sexo con algunos intentos en el pasado, no se ha consolidado. Pero la actitud de Nubia, con trayectoria en el tema compartido, es ofrecer apoyo. 

4. Hablar de “trabajadoras del sexo” es una posición política -impulsada por La Sala- que las y los  futuros profesionales de la Comunicación deben conocer desde su formación como comunicadores (as) para minimizar daños muy pronto fuera de las aulas universitarias. Reiteramos lo bien que se siente Nubia cuando los mensajes que se escriben sobre las mujeres que ella defiende, cuidan y chinean las palabras, lejos de todos esos señalamientos que ella  misma enlistó al inicio de esta clase.  

Curso Introducción a la Comunicación Social, primer semestre 2025

 

“Desarmar las palabras”

  F uerte el mensaje del Papa León XIV para    quienes tomamos por trinchera nuestras redes sociales con el fin de   descargar contra qui...