Enseñar periodismo cuando un “desgobierno” desacredita en público nuestra profesión pero a la vez, en privado, intenta acercarse y permear a un sector del gremio, nos mueve a ir más allá de las lecciones tradicionales de cómo contar las noticias.
Nosotros aprendimos en la U, décadas atrás, a buscar la verdad periodística cuando el Poder Ejecutivo de turno jamás cuestionaba la existencia del Poder Judicial, ni llamaba “comunistas” a quienes pensaban diferente.
Entonces, hoy deberíamos empezar por tomar con pinzas los “ hechos “, así entrecomillados, porque una declaración altisonante de un gobernante, un ministro o un diputado, por más actual que sea, debería siempre reportarse como tal, explicándole a la audiencia que solo es ruido o humo pero que no existe un respaldo fáctico de semejante pronunciamiento.
Reproducir expresiones como “golpe de Estado” en boca de quien se supone, está dirigiendo el “desgobierno”; jamás debería publicarse sin esa deseable advertencia porque el periodismo de calidad no le puede ni le debe hacer el juego al deseo de escándalo, caos y división con el que trabaja a diario la Presidencia de la República y la fracción legislativa del oficialismo.
Corremos el riesgo de normalizar la "violencia semántica" en contra de la democracia y por trayectoria histórica, nuestra profesión ha sido robusta en países que apostaron por la alternancia y el balance en el poder, el respeto a la oposición , el sistema de partidos políticos... Es decir, todo lo que el populismo tropicalizado de Costa Rica, ahora repudia desde puestos de poder político cuando hace una declaración oficialista.
Entonces, prensa y democracia logran una sintonía natural aunque ni una ni la otra sean perfectas. ¡Ya lo sabemos! No por eso, la prensa es “canalla” como dicen quienes otentan transitoriamente los puestos de poder en un país donde creíamos que la democracia - imperfecta y con mucha mejora por delante- era permanente.
Pero en el 2026, además de la influencia de la inteligencia artificial, los algoritmos de las redes sociales y la desinformación, las nuevas generaciones de profesionales en periodismo deberían aprender lo básico que décadas atrás, nos enseñaron en la U. Por ejemplo, en una entrevista en vivo a un vocero de un “desgobierno” populista, no se vale asentir esa verborrea del funcionario sin la repregunta ni la confrontación de los datos, los antecedentes ni el contexto de las declaraciones del entrevistado.
También nuestros estudiantes tienen el derecho a discernir frente a los medios de comunicación sin meterlos a todos en un mismo saco. Deberían ser capaces de hacer la función de “observatorio de medios” para, por ejemplo, contar o medir la evolución de la pauta publicitaria del Gobierno y contrastarla con el tipo de cobertura que ese medio hace del “desgobierno” populista.
¿Hay alguna variación en el enfoque de la cobertura periodística? ¿Aumentó la pauta publicitaria estatal en tal grupo radiofónico o televisivo? ¡Cualquier reunión de dueños de medios de comunicación con miembros de un “desgobierno” populista, debería ser parte de esa reflexión estudiantil para acercarse a comprender los cambios de última hora de esta diversa fauna mediática que se especializa en contar noticias, algunas entrecomilladas.
Las sutiles formas como algunos colegas - los menos, por cierto- llaman ahora a los altos funcionarios de turno, también comunican. Si alguien se refiere a la presidenta como “la presidente” es un llamativo detalle que las futuras generaciones de colegas no deberían pasar por alto ¿La prensa debe complacer, entonces, a “la mandatario” al extremo de violar las leyes del idioma con tal de no acercarse a alguna idea de lo que quizás los populistas llamarían el “feminismo de las palabras"?
Este es el sinsentido que se presenta ahora como una abrumadora ola discursiva que solo queda aprender a sufear sobre la marcha. Nuestros futuros periodistas deberían entonces, aprender mucho de semántica y también de historia institucional de Costa Rica, de la trayectoria diplomática de nuestro país en el mundo, del cuido del ambiente, de las políticas públicas para la atención de las poblaciones vulnerables, incluidas las personas migrantes o los privados de libertad. En tiempos de populismo, se manipula fácilmente con temas que encienden las pasiones: la migración o la seguridad son dos de ellos pues en la narrativa populista siempre interesa culpar y señalar. (Y por cierto, no resolver).
Es urgente que las y los futuros periodistas llamen las cosas por su nombre: “desgobierno”, por ejemplo; porque la palabra populismo ya afortunamente está en el diccionario y es de consulta obligatoria en estos tiempos.
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