sábado, 22 de octubre de 2016

Jugando en serio a comunicadores

Afinar el ojo, el oído  y el olfato en la calles de San José resultó una tarea productiva para los aprendices de la comunicación pues demostraron que este es un conocimiento tan cotidiano como humano.

Irónicamente en la era digital, algo que podría resultar obvio se convierte en una tarea para un curso universitario en el 2016.  Dejar de ver el celular por unos instantes y volver a lo básico: la gente y sus ruidos, la gente y sus silencios…

Las señas para este ejercicio son sencillas: observar los parques, las ferias del agricultor, las salas de emergencias, los juicios y los mercados para identificar cómo se relacionan  ahí las personas, según esos espacios de convivencia pero también de conflicto.

Hay un rol en el puesto de guarda de seguridad tanto en las emergencias del Hospital Calderón Guardia como en la Sala de Juicio de los Tribunales de San José. Es un personaje con postura y con poder que administra su papel para dejar pasar o impedir el paso al resto.

Otros personajes josefinos se construyen particularmente a partir de las personas que pasan y pasan en busca de alguna verdura en la Feria del Agricultor de Zapote. Ese rol de vendedor, también presente en los mercados josefinos, genera saludos diferenciados según el potencial cliente “mi amor”, “mi reina” o “machillo. Pero un silbido también sustituye cualquier palabra por más adornada que sea.

Los parques

El tránsito de personas es fuente de información sobre las relaciones comunicativas en el Parque Nacional donde previo a la hora de ingreso a los trabajos, no hay mayor espacio para la interacción, solo para  pasar y pasar. Una realidad que cambia, par de cuadras al oeste, en el Parque Morazán donde sí existe un refugio para la convivencia de jóvenes urbanos con gustos particulares y a veces, asediados por alguna figura policiaca.

A otros no les queda tanta autoridad en su actitud corporal, como una jueza,  que cambia su compostura conforme  pasan al banquillo testigos y hasta el acusado porque el tedio la va dominando  y ya no ve a los ojos ni a sus  propios interlocutores.

Lo más valioso de esta observación de la ciudad es que el curso “Comunicación para otras Carreras”  tiene estudiantes de economía, archivística, agronomía, ingeniería, antropología, medicina, meteorología, trabajo social, historia, ingeniería de alimentos, educación; y por tanto, queda demostrado que la comunicación interpersonal  además de las múltiples manifestaciones, tonos, volúmenes y gestos,  es una lección cotidiana para los futuros profesionales, ya doctores en la universidad de la vida.

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