viernes, 4 de febrero de 2022

Carlos y sus moralejas

 El Carlos de la segunda campaña de Ottón, allá en el 2005, era estudioso, moderado en sus comentarios y apasionado con su pluma al escribirle al entonces candidato sobre el pensamiento partidario. Un tipo tímido y cero confrontativo que casi siempre   dejaba ver una sonrisa discreta. Aparecía sudoroso y con el pelo parado en el corre corre de la campaña con un texto entre manos, que bien podía ser el borrador  de una política pública, alguna de las cartas retadoras para que el entonces  oponente debatiera o un avance de  la “Convocatoria Ciudadana” que era el plan de gobierno.


Al entrante Presidente en el 2018 le faltaba lo que algunos  equivocadamente  aún llamamos:  “porte presidencial” y por cierto, varios aspirantes en esta campaña política lo promocionan con poses fotográficas mirando al horizonte por encima de todos y todo. Sin embargo, el saliente Carlos del 2022, dejará pulido ese talante con actitudes  y poca verborrea.

De entrada, el Presidente  aguantó los silbidos al nombrar como ministras  a una nieta de Don Pepe y a una sobrina de Manuel Mora. Ese “gobierno nacional” con abolengo político disgustó en sus propias tiendas. La idea original se fue destiñendo pero hubo un intento pragmático por buscar la gobernabilidad dada su disminuida fracción oficialista.

Siguió forjando su carácter cuando jugó con la brasa de los nuevos impuestos y los topes al gasto público con el apoyo de una Asamblea Legislativa a la  que sin mezquindad, también hay que reconocerle esa tarea. A un semestre de haber entrado a la Presidencia, Carlos sorteó las encarnizadas críticas sindicales y empresariales pero también de las universidades públicas que tan solo un año atrás, lo veneraban como el candidato ideal frente al otro conservador y evangélico.


El mandatario tampoco fue pudoroso en acoger los proyectos verdiblancos, las buenas iniciativas ajenas, como la regulación de las huelgas, solo por citar una. A veces, se rigió por el principio: “Primero la Patria que el Partido”. Sin embargo, gobernar en tiempos de “feisbuk” y de “guasap”, significa también ganarse de inmediato,  etiquetas como “el neoliberal que le hace el trabajo a otros”.

Ya con olor a su cuarto tamal como Presidente, se negó a rebajar los montos de los marchamos tal como lo pretendieron algunos diputados que les dio igual la negociación en marcha  con el Fondo Monetario Internacional que mide cada retroceso en materia fiscal… La decisión de Carlos fue una afrenta nacional a  la tiquicia que ama, lava, chinea y encera los carros. Gracias, Presidente por mantenerse firme y decir: ¡No al populismo navideño electoral!

Además, Carlos  ya había apostado su capital político con los burócratas, al defender un plan de empleo público, aún pendiente de viabilidad constitucional y quizás algo imperfecto, pero que era tierra prohibida para los partidos que se intercambiaron Zapote  durante décadas. Ordenar los salarios en casa y socar la faja  disgustó a algunos en su propia fracción. De contar con el aval de la Sala IV, este cuento del empleo público y   de semejante “atrevimiento presidencial”, irónicamente se sentirían cuando ya su gobierno, si acaso sea un recuerdo más.

Le tocó asumir en crisis y entregará en crisis, con una dolorosa pandemia que enfermó a la familia y a la economía costarricenses… ¡Y al mundo entero!, una obviedad necesaria de remarcar frente a la furiosa crítica sea por las restricciones sanitarias o por  la obligatoriedad de la vacuna. Estas acciones de salud pública provocaron  una rabia desmedida que se personalizó en contra de la cabeza de Zapote, sea cual sea.

¡Pero qué nadie se engañe, este no es un listado de justificaciones! A Carlos, las cosas no le salieron como él mismo hubiera deseado ni como alguna parte del país anhelaba, un sentimiento que quizás también pasó por la mente y el corazón de don Luis Guillermo, doña Laura y don Óscar al cierre de sus administraciones.  

El presidente Alvarado Quesada que entró a la Presidencia con menos de 40 años, al igual que “los José Marías”: Castro Madriz y Figueres Olsen, quizás pronto  escribirá  sus propias moralejas. Uno se atreve a afirmar que el Presidente más joven del último cuarto de siglo nos deja varias: el país está primero que el partido,  los cuatro años no son para buscar aplausos y el “adversario”  ahora cuenta tanto como el “ganador”.

 

Sea por el reconocimiento a su gestión, por  la crítica a su trabajo o por las razones que sean, la innovación joven en los partidos políticos siempre será sana para una democracia y por lo tanto: ¡Que las y  los veinteañeros den rienda suelta a sus motivaciones con quienes aspiran hoy, tal como Carlos lo hizo casi dos décadas atrás!

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